Primeros Pasos en la VÃa del Zen: II. Obstáculos - 1. Obstáculos Corporales.

Muro de Ladrillos
Primeros Pasos en la VÃa del Zen:
II. Obstáculos - 1. Obstáculos Corporales
No obstante, a pesar de esta atracción por el Zen, es usual que al comienzo de la práctica algunas personas experimenten ciertos rechazos hacia algunos aspectos de la práctica del Zen. Aparecen los obstáculos. El superar estos obstáculos depende de la actitud que tome el practicante hacia ellos. De hecho, estos obstáculos no son exteriores u objetivos, sino profundamente subjetivos y corresponden a prejuicios culturales, intelectuales, emocionales y corporales del propio practicante.
Estos obstáculos son variados y diversos, pero podrÃan ser sintetizados en tres grupos:
1. Obstáculos Corporales.
Lo primero que la mayorÃa de los principiantes constatan es la dificultad Inicial de postura de zazen. A veces es incluso imposible tomar la postura de zazen, y aunque sea posible, el permanecer inmóvil en zazen durante una sesión de treinta minutos se convierte en una experiencia dolorosa y casi traumática.
El dolor es una de las primeras barreras que nos encontramos cuando comenzamos a practicar zazen. ¡Con el dolor hemos topado! Hay que decir que el dolor es el mejor consejero espiritual, el mejor amigo. El dolor es un sÃntoma de nuestro desequilibrio, una luz roja que se enciende y nos dice: “algo no va bien”. Es como una columna de humo que nos indica que en alguna parte hay un fuego. Siguiendo la columna de humo podemos llegar hasta su origen, el fuego, y apagarlo. Por lo tanto, no debes desalentarte por el dolor. Zazen no es una práctica ascética ni mortificadora. Zazen no es en sà doloroso. Pero a veces, sobre todo al principio, el dolor aparece. ¿Por qué?
Por una parte, hay una realidad fisiológica: nuestros tendones, nuestros músculos, nuestra estructura corporal no está acostumbrada a la postura de zazen. Zazen es un entrenamiento, una superación de uno mismo. Hay un trabajo corporal y este trabajo produce a veces sensaciones dolorosas. En cualquier deporte sucede igual. Nuestros viejos hábitos corporales se resisten a desaparecer. Pero con el tiempo y la práctica, nuestro cuerpo se adapta a la postura de zazen y se instala confortablemente en ella.
Por otra parte, en el dolor hay un fuerte componente psicológico y mental. Me duele a mÃ. El “yo” es quien más sufre. Cuanto más fuerte sea la conciencia de ego, más insoportable será el dolor. Cuando la conciencia egótica comienza a calmarse y a disolverse el dolor deja de ser una amenaza seria y se convierte en una simple sensación más.
Las mentes agitadas sufren más que las mentes serenas. Se ha comprobado que cuando el cerebro alcanza un estado de profunda quietud y serenidad comienza a segregar una sustancia llamada endorfina, una de cuyas funciones principales es disolver las sensaciones agudas de dolor.
Controlar nuestra mente, conducirla hacia estados de paz y serenidad, entrenar nuestro cuerpo, armonizar la respiración es el camino para superar la barrera del dolor. La paciencia es fundamental.
Cuando aparecen las sensaciones dolorosas, aquellos que acuden al zazen como técnica de relajación o de bienestar, lo abandonan enseguida. Incluso si uno está realmente interesado por el Zen, la dificultad de la postura le hace pensar en desistir.
En, realidad, todo el mundo puede sentarse en zazen, al menos que se tenga alguna lesión fÃsica importante, si se arma de la perseverancia y del tesón necesario.
Zazen es también un entrenamiento fÃsico y corporal. Se trata de reestructurar nuestra arquitectura muscular, de modelar nuestro cuerpo con el fin de volverlo apto para una práctica de meditación profunda como es zazen. Nuestro cuerpo es un ser vivo y por lo tanto adaptable y dúctil. Es normal que, acostumbrados a muchos hábitos corporales erróneos, la postura de zazen nos cree dificultades iniciales. Pero estas dificultades van desapareciendo en la medida en que perseveramos y nos trabajamos. No vale decir, como excusa, que la postura de zazen sólo sirve para los japoneses, los chinos y los indios, ya que ellos están acostumbrados desde pequeños a ella. Es necesario saber que tantos los chinos, los japoneses y los indios que nunca han practicado zazen tienen los mismos problemas que los occidentales a la hora de iniciarse en la práctica. También hay que saber que en occidente son miles las personas que practican zazen regularmente y que han hecho de zazen una costumbre habitual es sus vidas.
Lo único que se requiere es perseverancia y, en los casos más difÃciles, ciertos ejercicios de estiramiento antes de sentarse en zazen.
Otro obstáculo de Ãndole corporal que surge es el apego a las formas. En los centros zen se enseñan ciertos comportamientos corporales tales como gasshô (saludo con las palmas de las manos juntas), sasshu (las manos recogidas delante del pecho para caminar y permanecer inmóvil en la posición erguida), sampai (postración), etc. En un centro está estipulada también la forma de entrar, de salir, de caminar, de sentarse. Después de zazen se suele realizar una ceremonia. Algunas personas tienen mucha dificultad a la hora de practicar este comportamiento corporal porque están muy apegadas a las formas corporales, no a las que se enseñan en el centro, sino a las que están acostumbradas. Y en el centro, al realizar con su cuerpo gestos y comportamientos inhabituales, sienten rechazo. Este rechazo hacia el comportamiento corporal de la sala de meditación es la otra cara de la moneda del apego que sienten hacia sus comportamientos habituales.
Algunas personas no pueden vencer su propia fijación, lo cual les provoca un sentimiento de ridÃculo y un rechazo tan grandes que terminan por abandonar la sala de meditación. El obstáculo no ha sido vencido.
La única manera de vencerlo es aceptando sin prejuicios las nuevas formas, adaptarse a ellas, experimentarlas “desde dentro” volviendo al cuerpo flexible para aprender nuevas pautas de comportamiento. Cuando el comportamiento en la sala de meditación es practicado durante algunos meses, uno comienza a descubrir su sentido profundo, no intelectual, sin necesidad de largas explicaciones verbales. No hay que olvidar nunca que la VÃa del Zen no es una teorÃa, sino una práctica, es decir, una experiencia.
La práctica del Zen con todo el cuerpo provoca un despertar de nuestra conciencia corporal, una reestructuración de nuestros hábitos corporales.
¡¡¡ Sarvamângalam !!!
( ¡¡¡ Que todo sea auspicioso !!! )
Saludos Cordiales y Besos… !!! Rinchen.
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