Primeros Pasos en la Vía del Zen: IV. El Maestro.

rinchen 13 agosto, 2008 0

Maestro Zen Kodo Sawaki

Maestro Zen Kodo Sawaki

Primeros Pasos en la Vía del Zen

IV. El Maestro

El Maestro Zen es el amigo espiritual que te ayuda a descubrir lo esencial en ti mismo, que te guía por los vericuetos de tu propia mente y te enseña a plantar en tu conciencia las semillas de una realización espiritual que te permita descubrir por ti mismo tu auténtica naturaleza.

Aquí, en Japón, en China, en India, en USA y en Australia, en todas partes y siempre aquellos que quieren estudiarse a sí mismos siguiendo la Vía del Zen siempre han buscado un maestro, un amigo espiritual. Un maestro Zen es como un guía de montaña que se conoce la ruta porque ha subido y bajado muchas veces por ella. Te ahorra tiempo, te ayuda en los momentos de desaliento y te avisa de los difíciles pasajes.

Estudiar con un maestro Zen no significa renegar de la propia responsabilidad en la práctica de la Vía. El estudiante debe practicar por él mismo, siguiendo los consejos del maestro. El maestro es el dedo que señala la luna, pero es el estudiante quien debe mirar la luna. El estudiante debe experimentar la enseñanza del maestro, de lo contrario esta enseñanza se vuelve inútil.
La relación con el maestro podemos enfocarla desde dos puntos de vista:

a) Como simple practicante, Es decir, sin crear fuertes vínculos personales con él, oyendo sus enseñanzas y consejos e intentando seguirlo como cuando se oye un profesor de universidad. El estudiante recibe una enseñanza objetiva la técnica el método de zazen, los principios del Budismo Zen. Al no haber creado un fuerte vínculo personal con el maestro, el estudiante no corrobora su comprensión con la comprensión del maestro, y está sujeto a su propia interpretación. Esto es como cuando un hombre y una mujer inician una relación informal, sin compromiso, sin reglas.


b) Como practicante-discípulo. Existe un acto íntimo en el cual el practicante solicita al maestro ser aceptado como discípulo. A partir de aquí la relación comienza a volverse más profunda. El estudiante no espera ya una enseñanza teórica, sino una educación plena de sus potencialidades emocionales, intelectuales existenciales, etc. La relación maestro-discípulo se vuelve mucho más íntima, más profunda, más comprometida. El discípulo acepta que el maestro meta los dedos en sus tripas.

Existen reglas de buen hacer, normas de comportamiento en la relación maestro-discípulo. El maestro deja de ser un profesor de Zen, su enseñanza no se limita ya a los momentos de la práctica en la sala de meditación, sino que continúa en todas las circunstancias de la vida cotidiana: en la calle, en el bar, en la mesa, en el trabajo, en el descanso, etc.

Lo importante cuando se quiere practicar con la actitud de discípulo es cultivar la receptividad hacia el maestro y permanecer a su lado el mayor tiempo posible, practicando, trabajando, riendo, llorando con él. De esta manera, el espíritu del discípulo se impregna naturalmente, inconscientemente del espíritu del maestro; ambos se convierten en dos vasos comunicantes. Si entramos en una habitación impregnada de aroma de rosa, nuestra ropa se impregnará también sin saber cómo.

En el Zen un verdadero maestro es aquel que ha recibido la Transmisión del Dharma de otro verdadero maestro Zen quien a su vez también la ha recibido de otro verdadero maestro Zen, y así, remontando hasta llegar al Buda Shakiamuni. Así pues no es uno mismo quien se autoproclama “maestro Zen”.

¡¡¡ Sarvamângalam !!!
( ¡¡¡ Que todo sea auspicioso !!! )
Saludos Cordiales y Besos… !!! Rinchen.