Primeros Pasos en la VÃa del Zen: IV. El Maestro.

Maestro Zen Kodo Sawaki
Primeros Pasos en la VÃa del Zen
IV. El Maestro
El Maestro Zen es el amigo espiritual que te ayuda a descubrir lo esencial en ti mismo, que te guÃa por los vericuetos de tu propia mente y te enseña a plantar en tu conciencia las semillas de una realización espiritual que te permita descubrir por ti mismo tu auténtica naturaleza.
AquÃ, en Japón, en China, en India, en USA y en Australia, en todas partes y siempre aquellos que quieren estudiarse a sà mismos siguiendo la VÃa del Zen siempre han buscado un maestro, un amigo espiritual. Un maestro Zen es como un guÃa de montaña que se conoce la ruta porque ha subido y bajado muchas veces por ella. Te ahorra tiempo, te ayuda en los momentos de desaliento y te avisa de los difÃciles pasajes.
Estudiar con un maestro Zen no significa renegar de la propia responsabilidad en la práctica de la VÃa. El estudiante debe practicar por él mismo, siguiendo los consejos del maestro. El maestro es el dedo que señala la luna, pero es el estudiante quien debe mirar la luna. El estudiante debe experimentar la enseñanza del maestro, de lo contrario esta enseñanza se vuelve inútil.
La relación con el maestro podemos enfocarla desde dos puntos de vista:
a) Como simple practicante, Es decir, sin crear fuertes vÃnculos personales con él, oyendo sus enseñanzas y consejos e intentando seguirlo como cuando se oye un profesor de universidad. El estudiante recibe una enseñanza objetiva la técnica el método de zazen, los principios del Budismo Zen. Al no haber creado un fuerte vÃnculo personal con el maestro, el estudiante no corrobora su comprensión con la comprensión del maestro, y está sujeto a su propia interpretación. Esto es como cuando un hombre y una mujer inician una relación informal, sin compromiso, sin reglas.
b) Como practicante-discÃpulo. Existe un acto Ãntimo en el cual el practicante solicita al maestro ser aceptado como discÃpulo. A partir de aquà la relación comienza a volverse más profunda. El estudiante no espera ya una enseñanza teórica, sino una educación plena de sus potencialidades emocionales, intelectuales existenciales, etc. La relación maestro-discÃpulo se vuelve mucho más Ãntima, más profunda, más comprometida. El discÃpulo acepta que el maestro meta los dedos en sus tripas.
Existen reglas de buen hacer, normas de comportamiento en la relación maestro-discÃpulo. El maestro deja de ser un profesor de Zen, su enseñanza no se limita ya a los momentos de la práctica en la sala de meditación, sino que continúa en todas las circunstancias de la vida cotidiana: en la calle, en el bar, en la mesa, en el trabajo, en el descanso, etc.
Lo importante cuando se quiere practicar con la actitud de discÃpulo es cultivar la receptividad hacia el maestro y permanecer a su lado el mayor tiempo posible, practicando, trabajando, riendo, llorando con él. De esta manera, el espÃritu del discÃpulo se impregna naturalmente, inconscientemente del espÃritu del maestro; ambos se convierten en dos vasos comunicantes. Si entramos en una habitación impregnada de aroma de rosa, nuestra ropa se impregnará también sin saber cómo.
En el Zen un verdadero maestro es aquel que ha recibido la Transmisión del Dharma de otro verdadero maestro Zen quien a su vez también la ha recibido de otro verdadero maestro Zen, y asÃ, remontando hasta llegar al Buda Shakiamuni. Asà pues no es uno mismo quien se autoproclama “maestro Zen”.
¡¡¡ Sarvamângalam !!!
( ¡¡¡ Que todo sea auspicioso !!! )
Saludos Cordiales y Besos… !!! Rinchen.
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